Güimi

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Un nuevo Pau

Aviso: Entrada larga y pastosa seguramente no apta para los que no me conozcan en persona y/o vayan a ser padres en poco tiempo.
Esperando con papá

El jueves por la mañana Ana había ido a una revisión con la matrona y todo parecía normal.
Yo había enviado un mensaje a los amigos diciendo “todo va bien, os envío unas fotos de Ana para que veáis lo gorda que está, no os preocupeis que no le toca hasta el 14 de Agosto”. En realidad le tocaba el 4 de Agosto pero no queríamos que la gente nos preguntase mucho si el niño se retrasaba un poco.

Por la tarde, estando en una clase, me llama Ana al móvil y me dice “No te preocupes, pero estoy con dolores, he ido al baño y he visto que estoy sangrando, así que me voy al hospital.” Y yo, “espera que voy corriendo, llama a un taxi y si llega antes que yo que te lleve al hospital y me llamas, que yo acudo.”
Cuando estaba entrado por la calle del trabajo de Ana veo un taxi que cierra la puerta y se pone en marcha. Me pongo a seguirlo hasta que un par de semáforos más adelante lo alcanzo y veo que no lleva a Ana. Justo en ese momento me llama ella al teléfono:
– ¿Dónde estás?
– Siguiendo a un taxi equivocado ¿y tú?
– En el trabajo que acaba de llegar el taxi
– Pues espera que ya estoy allí

Nosotros teníamos pensado acudir el día del parto al 9 de Octubre, un hospital privado, pero habiéndose adelantado un mes y sin saber si estábamos de parto o era algo más grave nos fuímos al hospital más cercano, el Clínico Universitario.
Da la casualidad que el sábado nos habíamos encontrado con un amigo que hacía mucho que no veía y nos contó que acababan de perder un chiquillo estando su mujer embarazada de 7 u 8 meses.

Así que lo peor fue la primera hora y media. Entraron a Ana sola en obstetrícia a las 18:09 y estuvieron haciendo pruebas y monitorizándola hora y media sin decirnos nada y sin dejarme verla. Yo solo hacía que preguntar a todo el personal que pasaba y nadie me decía si pasaba algo, si mi mujer estaba bien, si todo era normal…
Me colé en la zona de obstetrícia y al rato me encontré con Ana. La pobre se encontraba fatal y todavía no le habían dicho nada tampoco a ella.
Al poco la hicieron volver a entrar y yo seguí preguntando a toda persona que pasase con una bata o similar si todo iba bien o había algún problema, hasta que una residente de primer año, Chari, ya me dijo que no pasaba nada, que mi mujer estaba de parto, que en seguida me dejarían pasar. Que alivio. ¿Tanto les costaba decirlo?
Más tarde una matrona o enfermera o algo así que -suele pasar- encima era la más mal educada y la más estúpida nos dijo -dirigiéndose a Ana pero midiendo que la oyésemos los dos- “su marido estaba muy nervisioto…”. En fin…

Sobre las 19:30 llamé a mi padre para decirle que seguramente estábamos de parto y pedirle que llamase a mi hermano y le dijese que no podría ir a cenar con él como había quedado, y que pasase a comprar varias cosas, como compresas de algodón, algo de cenar para mí, frutos secos, chocolatinas, un abanico… al pobre hombre le llamé varias veces y acabo viniendo cargado con varias bolsas. Por si fuera poco cuando llegó yo ya estaba dentro y no me dejaban salir así que encima se quedó fuera, sin saber si estaba en el sitio correcto, y sin nada que hacer.

El caso es que por fín, en torno a las 8 me dejaron pasar con Ana y ya estuve todo el rato con ella. Excepto 10 minutos que tuve que salir mientras le pinchaban la epidural.
La verdad es que tuvimos bastante suerte. Estábamos en el paritorio 3, sin pasar por salas de dilatación ni nada -Ana había llegado con 5cm. de dilatación, siendo lo normal llegar con 2 o 3-. Nos atendieron dos matronas, Chari y Nati. Nati era, claramente, la experta. Amable, sin demasiadas confianzas pero agradable y además después nos ayudó mucho.
Durante una hora más, aproximadamente, Ana estuvo teniendo contracciones que le dolían bastante, y aún no eran las más fuertes; recibiendo visitas de las matronas de rato en rato que comprobaban la evolución de Ana. Por momentos parecía que había más gente haciendo cola para medir como iba la dilatación que en la entrada del cine.
Ana estaba todo el rato monitorizada, con su propia máquina que hace “ping”, y con un gotero preparado.
Le rompieron la bolsa de aguas y después le pusieron un analgésico que le dejo bastante grogi, pero desde luego era mejor eso que nada.
Casi a las 9 vino la anestesista para disculparse por no haber podido atendernos, ya que habían tenido una urgencia, y además tenía que haberse ido a las 8. Aún así, le caímos simpáticos y finalmente la buena mujer le puso la epidural a Ana antes de irse.
El comentario más repetido de Ana: “es el invento del siglo, es el invento del siglo”.
También vino Chari a despedirse -cambio de turno- y desearnos suerte.

Aproveché que me hicieron salir para poner la epidural a Ana para hablar un rato con mi padre, hacernos un par de fotos y “cenar” un poco.
Esperando con papá
También llamé a los padres de Ana aunque no me cogieron el teléfono. De nuevo dió la casualidad que este fin de semana iban a venir de visita.
Cuando por fin hablé con Carmen, la madre de Ana, le dije:
– ¿Al final vienes este fin de semana?
– Sí, voy el sábado
– ¿No puedes venir el viernes?
– No es que estoy muy liada porque tengo que hacer nosequé…
– ¿No te puedo convencer de que vengas el viernes?
– No, porque tal y cual…
– ¿Ni siquiera si te digo que tu hija está de parto?
– ¿Qué?
Al principio no se lo creía, pero el caso es que a las 5 de la mañana ya estaba en Valencia…

Tras recibir la epidural, Ana estuvo una hora adormentándose, llegó a roncar un poco.
El personal aprovechó para cenar tranquilamente. No sé si le durmieron de más para que no les interrumpiese la velada…
Esperando con papá
Después ya se fué despejando. Seguía teniendo contracciones, pero solo notaba las más fuertes según el chivato del monitor (4 contraciones cada 10 minutos), y no le dolían. “Es el invento del siglo”.
Por fín en torno a las 11 vino Nati y comenzó el trabajo de parto. Exploró a Ana, que ya estaba completamente dilatada pero la cabeza no bajaba. La bolsa de aguas se la habían roto una hora antes o más. Empezó a guiar a Ana para que empujase en cada contracción y metiéndo la mano para guiar la cabeza del niño. Enseguida empezó Ana a coger el ritmo y a empujar muy bien.
Al rato me llamó Nati “mira la cabeza, mira la cabeza ¿la vés?”.
Se veía la cabezita un poco, la coronilla más bien. Pero solo mientras Ana empujaba. En cuanto dejaba de empujar se volvía a meter para adentro.
“Bueno, pues este chico ya tiene que salir. Empujando o por cesárea, pero sale, o sea que a ver si conseguimos sacarlo por aquí. Venga, ¡empuja!”
Eran sobre las 11 y media cuando ya se comenzó a llenar la sala y Ana tuvo que empujar en cada contracción con todas sus fuerzas. Gracias a la epidural estaba despierta, consciente, sin mucho dolor y enterándose de todo para poder empujar sin descanso.
– Nada, no quiere salir… -decía Nati-
– Será que quiere nacer mañana -dijo Ana-
Efectivamente casi a las 12 el niño colocó la cabeza.
– Venga que ya es viernes, que ya puedes nacer, ánimo

A la pobre Nati le entró taquicardia, debía llevar un turno muy largo. Le sustituyó “miss sonrisa 2007″, menos mal que el resto del parto lo atendió ya una doctora, Cris.
– Venga Nati, sal un rato a descansar
– De eso nada, yo no me voy hasta que nazca Pau.
Y se quedó el resto del parto.

Eran las 12:11 cuando por fín saco la cabezita
– ¡Ana, le veo la cara!, ¡ya está aquí!, ¡le veo la cara!
Salió boca abajo, con la cara arrugada, entre fluídos y manos, cayéndole líquido amniótico de la boca y la nariz.
– Ahora no empujes, espera un momento. -dijo la doctora
El niño venía con una vuelta de cordón, pero totalmente laxa, sin problemas. Colocó el cordón y siguió masajeándo la zona para que no se desgarrase.
– Venga un empujón más.
Y salió de una el chiquillo.
Esperando con papá

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(video de 15 segundos)

Una matrona lo cogió y lo llevó a un lado de sala a limpiarlo y comprobar que estaba bien (dos 10 en el test de Apgar, el muy empollón) mientras Cristina siguió con Ana, limpiándola sacando el cordón y la placenta, comprobando que el útero empezaba a contraerse…
Yo hacía fotos al niño, besaba a Ana, ayudaba a colocar la cama para Cristina, volvía a hacer fotos…
– Eso que sale es la placenta, ¿no? -comenté
– ¿Esto la placenta? No, no, espera un momento y verás…
¡Madre mía! ¡La placenta es enorme! ¡Y fea! Incluso asquerosa, diría yo…brrrruuuuu

En cinco minutos me dieron al niño, me hice un par de fotos con él y se lo puse a Ana encima, que estaba sudando la pobre. Ayudé a recolocar la cama cuando terminaron con Ana y cuando Cristina ya se había lavado me dijo “¿Puedo coger al niño un poco?”
– ¡Claro! si tú eres la primer que lo ha cogido. ¿Te hago una foto?
Estábamos todo emocionados. Oí comentar a las matronas que había sido un parto muy bonito. La verdad es que salió todo perfecto.
Esperando con papá

Se ve que Ana se organiza muy bien y pensó, mejor lo tengo con 8 meses, que así me ahorro el último mes, que es el peor. Además en Julio, con todo el calor… nada, nada, mejor con 8 meses que así el niño no es muy grande y sale bien.
Esperando con papá

Pau pesó 2,580 Kg y midió unos 47 centímetros. Era una cosita arrugada, un poco grasienta, morada, de manos grandes, orejas un poco puntiagudas… ¡Soy el padre de Gollum!

Ya con más tranquilidad salí a avisar a mi padre que ya estaba hecho un abuelo y de paso saludé a mi hermano y mi cuñada que habían venido en algún momento indeterminado.
Les avisé que aún tardaríamos un rato en salir. ¡Y vaya si tardamos! El celador que nos tenía que subir a la habitación debía estar estreñido en el baño…

Ya eran cerca de las dos cuando aparecimos en una habiación: Ana, el niño y yo, un celador, una enfermera, mi padre, mi hermano y mi cuñada. Había una pareja en la habitación durmiendo y la enfermera despertó al marido para echarle.
– Déjelo dormir que no pasa nada
– Tiene que salirse y se sale. ¡Señora!, ¡despiérte a su marido que tiene que salir!.

Cerca de las 4 aparecía Emilio, el padre de Ana, con su hermana Maria y en seguida se fué para recoger a la madre de Ana que llegaba en autobús a las 5. Emilio consiguió volver a perderse tanto a la ida como a la vuelta y aparecieron los 3 en torno a las 6… no dormimos nada esa noche.
Esperando con papá

Una anécdota sobre lo que se parecen los niños. Cuando el viernes subía de desayunar con los padres de Ana, nos encontramos que estaban todos los niños en el baño y dije algo así como:
– Son todos iguales. Ése por ejemplo podría ser el mío.
Me fijo, y quien llevaba al niño en cuestión era mi hermana. ¡Era el mío de verdad! Igual no se parecen tanto, pero solo lo sabe mi inconsciente…

Los siguientes días en el hospital han sido bastante rutinarios, recibiendo muchas visitas haciendo muchas fotos al bebé; Pau engordando y cogiendo color -sigue teniendo las orejas de punta, así que ahora es Smigol-; nosotros durmiendo poco por la noche y aprendiendo a dar de mamar. El domingo tuvo Ana la subida de leche.
Por las mañanas llevamos los bebés a bañar y de paso les hacen una revisión visual y les pesan.
(Viernes 2’585Kg, Sábado 2’525Kg, Domingo 5’520Kg, Lunes 2’515Kg).
Esperando con papá

Por fín el sábado me fuí un rato a casa a ducharme y quitarme la ropa del jueves que aún llevaba.
Ana hoy lunes todavía tiene dolor de espalda, de la epidural y de contracturas porque empujó en una mala posición.

Estamos deseándo que nos den el alta de una vez e irnos a casa con el nuevo mamón.

(He dejado más fotos en el álbum del bebé)

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