Güimi

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Y llegó Lúa

Cuando Ana estaba embarazada de Pau, al principio nos dijeron que el bebé era chica. Estuvimos días buscando nombres, haciendo listas… al final nos quedaban dos nombres: Lucía y Carmen. Ana abogaba más por el primero y yo más por el segundo.

Al final la decisión fue que el bebé se llamaría Lucía pero que si el día de mañana teníamos otra niña se llamaría Carmen.

Cuando Pau desveló ser chico yo dije que igualmente si teníamos una niña en el futuro sería Carmen, y Ana me dijo que sí.

Cuando Ana se volvió a quedar embarazada casi dos años después de nacer Pau yo dije “sí es niña se llamará Carmen” y Ana me dijo que sí.

Cuando a las 20 semanas de embarazo nos dijeron que el bebé era niña yo dije “se llamará Carmen” …y Ana me dijo que no. Que Carmen es nombre de madre no de hija…
Así que Ana comenzó a buscar nombre para el bebé sin terminar de decidirse por ninguno. Y yo le dije, “decídete, porque en el momento del parto, cuando la enfermera o la matrona pregunte cómo se llama la niña, contaré hasta 3 y si tú no dices nada, diré que se llama Carmen”.

Por otra parte, cuando quedaban pocos meses para la fecha prevista de parto, siendo que Pau se había adelantado, yo solo hacía que insistirle a Ana en que descansase, que se tomase una baja laboral, que no hiciera esfuerzos… vamos, a darle la paliza.
Hasta que varias semanas antes de la fecha, en una revisión periódica en una clínica privada (“La salud”), le dijeron a Ana eso de “ya estás de parto, tienes que quedarte, que ya estás de parto”
Y Ana, que ya no era primeriza, “pues yo no me noto de parto”
– “Pues ya estás dilatada, quédate porque vas a parir”
– “Bueno, pues me voy a casa a por la bolsa y eso”
– “No, no. Llama a tu marido y que traiga la bolsa que ya estás de parto”
– “Vale, vale, llamo a mi marido y que me lleve a casa a prepararme…”

Al final recogí a Ana, que no se sentía de parto y decidimos ir al Hospital diciendo solo que se había notado unas contracturas y queríamos comprobar que todo iba bien. En el hospital nos confirmaron que todo iba bien, que no estaba de parto, y que no estaba dilatada.
No volvimos a hablar con la ginecóloga privada ni a pasar por “La salud”.
Lamentablemente conozco demasiados casos de embarazadas que en una revisión les han dicho que estaban de parto sin ellas saberlo, y al final han pasado por partos larguísimos acabados en cesárea.

Y pasaron otras dos semanas. El fin de semana vinieron Carmen y Emi y nos fuimos todos juntos el sábado a un centro comercial de compras (L&M de Aldaya). Estando allí Ana empezó a decir que notaba molestias (entre las 19 y las 20) y que si la llevaba a casa. Carmen se quedó con Pau. Ya entrando en el coche, Ana comentó que creía que estaba de parto. Con calma fuimos primero a casa, cogimos la bolsa, Ana se duchó y nos fuimos al Hospital Clínico, donde habíamos tenido una gran experiencia con el parto de Pau.

Llegamos al hospital a las 20:50, nos dieron una silla para Ana y nos enviaron a esperar en la zona de partos. En cinco minutos empecé a llamar a la puerta insistentemente “que mi esposa está a punto de parir!”. La enfermera me miró con cara de “otro primerizo que no sabe que esto dura horas”. Entonces vio a Ana resoplando en la silla con la cara roja: “vamos para dentro”.

Me quedé un momento en la antesala poniéndome la bata y los mocasines, cuando entonces salió la señora de la limpieza… “pues sí que lleva prisa tu mujer”. Al parecer había dicho “un momento que estoy terminando de limpiar”. “No, no, que esta no espera”.
Sin pasar por sala de dilatación ni prolegómeno alguno ahí estábamos, a las 21 en pleno parto, con Ana dilatada 9 cm.
– ¿Es niño o niña? – dijo la enfermera
– Niña
– ¿Y cómo se va a llamar?
Y sin dudarlo un instante “¡Lúa!” dijo Ana.

Y de un solo empujón, un empujón largo, muy largo, y muy intenso, Lúa estaba fuera. Me parecía increíble que Ana hubiera aguantado un empujón tan largo. Pero bastó uno solo. Por supuesto no hubo tiempo ni de hablar de epidural.

Así, a las 21:20 del 22 de agosto de 2009, sábado, nació Lúa en el Hospital Clínico con 3.185 Kg. y 50 cm.

Además venía con sorpresa, ya que le trajo a su hermano Pau una moto-correpasillos que quería Pau desde hacía meses.
Siempre se recibe mejor a alguien que trae regalos ;-)

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